el silencio paseaba sobre los pensamientos siempre vacíos,
la nada se anunció arrebatando la luz con su mano melancólica,
como si el cielo llorara enfurecido la muerte de miles de sus ángeles,
en las manos traidoras de un Dios traidor.
Los animales nocturnos dormían con calma,
sin entender, solo llevados todos de un mismo sentimiento
tal vez aterrador, como el tacto de una flor ya marchita
que desbarata sus pétalos en almas tal vez perdidas,
hacia la cuna de sus sentidos mas agudos...
yo lamía mi herida, podía oler como se levantaban miles de alientos desde el suelo,
clamando la satisfacción del pecado,
algo en mi latía fuerte sin entender el por que,
buscando la salida, buscando abandonar mi cuerpo descompuesto ya,
esa extraña estrella dentro de mi, dolida, susurraba a si misma, escuché las ultimas palabras,
maldiciendo mi existencia, y a si misma se dividía.
Ella, solo ella, se regocijaba flirteando en el baile moribundo de los desahuciados,
un momento de paz, un momento de nadie,
una lágrima resbaló y al tacto de mi piel cantando sonetos que habían perturbado
mi interior siempre con la verdad del amante enamorado,
aquella parte de mi viajaba sobre el mar y encontró su espacio,
y la vi casi volcarse en el adiós, como la rosa aquella, marchitándose
al olvido,y al instante mi corazón se partía.
Yo sofoqué para siempre su aliento,en el ponzoñoso ambiente aquel,
vi atravesarse dentro de mi un minuto deteniendo el tiempo,
y me fui con el, abrazando para siempre
su último beso, grité mi pena a la luna que desapareció,
decepcionada de mi,
todos habían culminado su danza macabra,
y yo, de un momento a otro, aturdido, ciego,
con el alma destrozada, conmigo, en la nada...el amor se marchaba
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