Y como ha ido ennegreciendo esa alma
que le pidió por tantos años a la luna
el fulgor de sus largos años,
y ella colgando ahí en su sutil asiento,
sacudiéndose la muerte de sus niños impuros.
Los ojos le reboloteaban perdidos en el jardín de las misericordias,
pero nadie planeaba escuchar ni por un instante sus historias infieles,
mientras jugaba a ser niño, para jugar a crecer,
nadie nunca vio sus arrugas,
y su lenta tragedia,
Náufrago en un charco, pero con sed,
mientras su barco oscilaba en miles de espacios buscando su esencia pecadora y perdida,
ningún punto hacia donde virar, hacia donde poder ver,
todas las paredes tienen cuchillas para resbalar, nadie puede trepar otra vez,
aquí en todo este foco fecal,
descansando un poco,
perdiendo el juicio,
accediendo a la grandeza....
martes, 6 de octubre de 2009
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