¿Cómo explicar todo lo que hay dentro?
Si observándolo de cerca,
no hay más que un vacío leve que consterna y confunde.
Lloro con el placer del olvido,
y sonrío con la melancolía del pasado.
En mi hueco,
estuvo anidado algo,
que un día se fue sin rumbo.
Entonces, me introduje a la penumbra
sabiendo que no volvería,
no me equivoqué...
¡Por primera vez no me equivoqué!
Habiendo pasado un rato,
ese algo volvió y sonrió una vez más,
y confundí su risa con lamentos.
Sólo era otra despedida,
reiterada y suficiente, más no comprensible para mi.
Mis oídos se cerraron a escuchar lo que decía,
los espejismos surgieron de mis manos,
derrumbando mi austero encierro.
Deseando fervientemente
que la luz de un quinqué casi extinta,
me abriera camino en este letargo,
me volviese la viveza al cuerpo...
(que más que cuerpo, se ha convertido en un saco de nada).
Más la suerte no fue hecha para perdedores de mi categoría,
enorgullecidos de ser menos que poco,
y apenados por su error,
guardan la cara en un hoyo entre las nubes,
y sollozan sin que los oiga ni el viento.
Por vencido se da este perfecto extraño,
engatusado por la pestilencia de un ayer en descomposición.
Toma sus alas rotas y las remienda.
Alas de hojarasca enmohecida,
pobres de fe y estructura,
Inservibles...
con las que volar significa la caída al precipicio (otra vez).
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