Entre la fasta porquería,
me encontré un reflejo escapando
de la luna, su mejor enemiga,
un hombre que en sus ladridos desesperados,
pide amor,
a las perras en soledad,
pero ellas dicen no querer nada mas que piedras
para poder flotar, mas suave,
entre muchas manos sucias.
Una mano completamente blanca anda por ahí, por ahí,
intenta cruzar la calle, esta muy maltrecha,
pero, nadie le ve,
se recuesta, a nadie sirve, y a nadie le interesa,
ella no puede nada mirar,
yo no pude hacer nada por ella,
ni por su artritis severa,
que ninguna cuerda volverá a tocar,
que nada ni a nadie volverá a tocar.
De pronto la luz se fue,
y había un ciego, guiando a los desesperados,
a esos que le habían sacado los ojos,
yo espere sentado, mientras un fósforo parlanchín,
me platicaba de sus desamores, y en sus lágrimas,
y con su último dolor, se extinguió.
Entre ceguera, ladridos, lágrimas y enfermedad, sigo en mi piedra, esperando,
y mirando lo que pasa alrededor de mi interior.
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